La violencia y nuestro cerebro

La violencia desde el punto de vista social y médico es un problema de salud pública de la mayor importancia, de tal forma que representa una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Las estadísticas muestran que los hombres se ven más involucrados en la violencia que las mujeres, sin embargo, sus consecuencias recaen sobre todos. Las conductas agresivas y violentas se observan más frecuentemente entre los adolescentes y adultos jóvenes, mostrando una disminución conforme avanza la edad. La población más afectada se observa entre los 15 y los 44 años.

Violencia


La ciega se desgañitaba como las locas de antes, casi loca ella también, pero de puro desconsuelo. Al fin, dándose cuenta de la inutilidad de sus llamadas, se calló, sollozando se volvió para dentro y, sin darse cuenta de por dónde iba, recibió en su cabeza un estacazo que la derribó.

Ensayos sobre la ceguera, José Saramago.

Existen estructuras en el cerebro, como la amígdala, que puede generar impulsos agresivos, sin embargo, en condiciones normales también contamos con mecanismos de control cerebral bastante eficientes. La corteza prefrontal es la principal responsable de realizar el control de nuestras emociones y de los impulsos violentos. Si por alguna causa nos invade el enojo, podríamos contener los impulsos, considerar las causas del enojo y las consecuencias de nuestros actos, sin embargo, esa corresponde a una tarea bastante difícil, ya que cuando la emoción nos invade la razón nos abandona.

A nivel social la violencia provoca severos daños en los niños. La exposición repetida a agresiones y estrés provoca alteraciones importantes en el desarrollo del pensamiento, afectando la concentración, la atención y la memoria. Los estudios científicos han mostrado que el consumo de alcohol a edades tempranas se encuentra íntimamente relacionado con un aumento de conductas violentas. En personas de edad avanzada la violencia se manifiesta principalmente cuando existe una enfermedad de base como algunos tipos de daño cerebral.

A pesar de que aún hace falta realizar más investigaciones científicas sobre el tema, hay puntos fundamentales que ya se conocen con precisión. Un factor importante para desarrollar conductas impulsivas de violencia es el consumo regular de alcohol entre adolescentes y adultos jóvenes. Esto provoca alteraciones en los mecanismos de comunicación entre las neuronas de nuestro cerebro (mecanismos sinápticos), lo que acarrea problemas en la capacidad de concentración y atención de quien lo padece, además de afectar la memoria y el sueño. También se ha observado una disminución de la capacidad de protección inmunológica del cuerpo.

La manifestación extrema de la violencia se observa en personas que actúan de manera predatoria e impulsiva, y que son capaces de apoderarse de lo que no les corresponde, sin importar el daño que puedan generar. A esta condición se le conoce como psicopatía y la podemos encontrar en personas que a simple vista se les podría considerar “normales”. De manera popular o en novelas se considera que la psicopatía corresponde a personas como los asesinos seriales, sin embargo, curiosamente en estudios realizados con este propósito, se ha determinado que un asesino serial no tiene rasgos de psicopatía.

Es claro que los niños y jóvenes son la población más vulnerable dentro de nuestra sociedad. Es nuestro deber protegerlos en aras de frenar la violencia social y evitar su propagación. No debemos perder de vista que la agresividad puede representar un problema para quien la ejerce y quien la recibe. Como sociedad tenemos la responsabilidad de frenar su propagación. Un paso para combatir la violencia es crear espacios y conductas libres de agresión. En la medida que se rechace y sancione socialmente la violencia, se frenará su propagación. No es un tema exclusivo de legalidad, sino de que tan tolerante puede ser una sociedad. Combatir la violencia es un trabajo arduo, pero altamente necesario en el que todos tenemos responsabilidad. Empezar por frenar nuestras conductas agresivas y frenar las conductas agresivas de nuestros semejantes es el inicio para crear una sociedad tolerante que favorezca la convivencia y el desarrollo.


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Esta entrada tiene un comentario

  1. MAM

    Entonces , podemos pensar que la sociedad Mexicana es cada vez más psicopata? Cómo podríamos evitar esta desafortunada condición social

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