El problema de la salud mental en nuestros días

En la actualidad nos encontramos en una búsqueda constante de soluciones efectivas y rápidas a los problemas que nos aquejan. A pesar que estemos plenamente conscientes de que la ciencia aún no puede dar respuesta a todas las enfermedades, el hecho de convencernos de que puede haber una solución, nos hace la vida más fácil. En este sentido en términos de salud, existe una necesidad imperiosa de creer en una curación para cada uno de los padecimientos, incluyendo los trastornos de salud mental.



Desde que existe registro de la humanidad, a las enfermedades o mejor dicho a los trastornos mentales, se les ha concedido una gran carga mística, una explicación mágica producto de una posesión demoníaca, castigo por acciones que van en contra de creencias religiosas o como desvío de la norma moral, lejos de una concepción biológica. Aún en el presente, a las personas que padecen un trastorno mental o neurológico se les estigmatiza creando rechazo y discriminación social, llegando incluso a negar de su existencia como pacientes reales con derecho a recibir atención médica. Por otro lado, también han surgido movimientos en contra de los médicos y fármacos que tienen por objeto tratar estos padecimientos. El principal daño que la estigmatización produce es la creación de información errónea llena de  barreras que limitan la búsqueda de tratamientos oportunos y efectivos.

El movimiento antipsiquiátrico data del siglo XVIII, cuando la psiquiatría aparece como especialidad médica y se establecen los primeros hospitales especializados. Algunos estudiosos del tema han propuesto que este movimiento compite por influencia o autoridad sobre los pacientes, sin embargo, la discusión ha ido más allá, al poner inclusive en entre dicho la propia existencia de las enfermedades mentales y conceptualizarlas como producto de la invención de la industria farmacéutica para generar recursos económicos y crear pánico en la población.

En la medicina y en particular en la psiquiatría aun existen algunas limitantes en cuanto a la explicación de las causas biológicas de los trastornos mentales. Sin embargo, un error por parte de los críticos es demandar a la psiquiatría o las neurociencias, lo que no es de su competencia, ya que estas disciplinas no responden a preguntas relacionadas con la existencia física, social y espiritual de los pacientes; por sí mismas no resuelven los problemas de la vida cotidiana y mucho menos pretenden «patologizar» el complejo comportamiento del ser humano. Como en muchas otras áreas de la medicina, es necesario contar con la mayor cantidad de evidencia posible, para ser transmitida a la sociedad en general.

Es importante destacar que la estigmatización conlleva una desaprobación social y una percepción negativa de un grupo específico de personas o de un sistema particular de valores. La estigmatización puede generar actitudes hostiles, mencionando como ejemplo los pocos recursos en materia de atención hacia los pacientes esquizofrénicos, en contraste con los pacientes diabéticos. Con la finalidad de combatir la estigmatización de las enfermedades mentales o neurológicas, se ha propuesto la realización de campañas multidimensionales que se enfoquen en compartir todo el conocimiento científico sobre la naturaleza de las distintas enfermedades. Sin embargo, también es cierto que en muchas áreas, la estigmatización no necesariamente está relacionada con el grado de conocimiento que se tenga sobre un aspecto en particular.

Una de las principales consecuencias de la estigmatización en medicina, es el retraso que provoca para un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado, lo que acarrea un deterioro de la salud, una baja integración social, aislamiento y una precaria calidad de vida. Una persona objeto de estigmatización constantemente se pregunta cómo o con quién poder compartir las experiencias de su padecimiento, guardando silencio la mayoría de las veces por motivos de culpa o vergüenza. 

Una historia íntimamente relacionada al estigma de la enfermedad mental o neurológica, lo vemos en los psicofármacos, que pese a los avances científicos en su eficacia y eficiencia, no están al alcance de todos, ya sea por estigma o problemas económicos. La Organización Mundial de la Salud, creó el Programa de Acción de Enlace de Salud Mental (mhGAP, por sus siglas en inglés) el cual tiene como objetivo ampliar los servicios para trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias, en países especialmente de bajos y medianos ingresos. El programa afirma que con atención adecuada, asistencia psicosocial y medicamentos, decenas de millones podrían recibir tratamiento para la depresión, la esquizofrenia y la epilepsia, evitar el suicidio y comenzar a llevar una vida normal, incluso cuando los recursos son escasos.

Debemos ser críticos ante la información que circula en los medios. Los trastornos mentales y neurológicos existen, no son producto de la invención de unos cuantos. Los pacientes psiquiátricos son reales, todos en un momento podemos estar deprimidos o ansiosos, puede pasarle a nuestros vecinos, maestros, compañeros o incluso familiares. Seamos sensibles ante este tema, para crear así una sociedad incluyente y próspera.


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