COVID19Mex: la vida del médico a ras de suelo.

COVID19

mayo 26, 2020



La atención a la salud sigue una serie de reglas bien establecidas, tanto en el ámbito social, económico, laboral, legal, organizacional y de planeación. El acceso a la salud corresponde a un derecho humano, por lo que en muchas sociedades se realizan grandes esfuerzos por brindar los elementos sanitarios y de mantenimiento de la salud para su población. Lo que debe quedar claro es que no puede haber salud sin el conocimiento científico que conforma el saber médico y tampoco sin el ejercicio adecuado de la propia profesión. Es así como los actores centrales del largo eslabón de elementos del sistema de salud son los médicos, personal de enfermería, laboratorio y auxiliares.

A lo largo de la pandemia de COVID19 se ha hablado mucho del gran esfuerzo y desgaste que sufren los miembros del equipo de salud ante la atención de pacientes infectados. También hemos visto numerosas fotografías mostrando rostros marcados y enrojecidos por el uso prolongado de los distintos elementos de protección sanitario. Si bien en lo general se valora el esfuerzo de la labor médica durante la pandemia, no siempre hay equidad o recompensa. En el caso de México, como el de muchos otros países, existe una gran brecha marcada desde los centros de planeación de políticas y estrategias de atención a la salud hasta la trinchera donde el médico está frente al paciente. Es muy importante destacar que en esta brecha se encuentran cientos de personas con distintos mandos de organización y toma de decisiones, por lo que el médico se encuentra relacionado directamente con el final de una cadena burocrática, donde no siempre llega el mensaje de los centros de organización o planeación. El médico y el personal de salud son trabajadores con obligaciones laborales que dependen, en última instancia, de responsables directos y de sus decisiones. En este sentido la realidad pocas veces obedece a lo deseado y a lo planeado.

En México, la pandemia del COVID19 ha puesto al descubierto una realidad que se vive día a día y que bajo otras circunstancias se mantiene oculta, esta es la realidad de la labor médica institucional. Miles de médicos se han visto involucrados en la emergencia de salud, muchos han enfermado por contagio y por desgracia también algunos han muerto. Pudiera suponerse que el personal de salud no debería de encontrarse en riesgo de infección y mucho menos en peligro de muerte, sin embargo, la realidad ofrece un rostro muy distinto.

Uno de los principales problemas de la atención de infectados por COVID19 es lo referente a los elementos de protección. Si bien a nivel gubernamental se ha realizado un esfuerzo de compra de insumos, muchos médicos no han podido contar con ellos. Son generalizados los testimonios de médicos y demás personal de salud, que han tenido que comprar con recursos de su salario insumos de protección, generando un gasto que oscila entre tres a seis mil pesos mexicanos (100 a 300 USD), lo que en promedio corresponde de una cuarta parte hasta la mitad de su sueldo mensual. La decisión de comprar de manera individual sus propios insumos de protección a pesar de trabajar en instituciones gubernamentales, está basada en la urgencia de protegerse frente a los días de incertidumbre y de trabajo crítico donde no existe una posibilidad de demora.

El uso de un equipo completo de protección implica otros problemas aparte de lo económico. Colocarse y retirarse el equipo exige una técnica rigurosa ya que, de no hacerse así, todo el esfuerzo de protección puede ser en vano, corriendo el riesgo de infectarse al vestirse o desvestirse. Como es de imaginarse, una vez puesto el traje de protección no se puede tomar agua, no se puede ir al baño, no se puede descansar, ni mucho menos deambular por áreas que no sean las de atención a los pacientes infectados, llamadas zonas de “COVID”, por lo que en algunos centros de atención se asignan turnos de tres o cuatro horas. El calor se acumula dentro de los trajes y la deshidratación puede presentarse con las consecuentes repercusiones físicas. Un punto importante es el desgaste que implica al personal de salud el tratar de comunicarse con los pacientes y compañeros ante el uso de caretas o gafas de seguridad, incrementando la frustración y la necesidad de alzar la voz constantemente, por lo que muchas veces al final del día puede haber dolor de garganta, siendo esto una fuente de preocupación ya que algunos los médicos no saben si el dolor puede representar el inicio de la temida infección. El uso del equipo personal de protección, el estrés, la falta de descanso e hidratación, el permanecer de pie por largas horas, el calor y el trabajo en estas condiciones, son causas frecuentes de síntomas físicos como calambres, cefaleas, reacciones en piel y dolores musculares.

Otro aspecto poco difundido es el sistema de organización local que impera en cada sede hospitalaria o clínica de atención primaria. Como se mencionó párrafos arriba, cada una de estas sedes hospitalarias es un micromundo, con responsables directos de la toma de decisiones y donde los lineamientos nacionales no siempre están presentes. Desde hospitales de la mayor importancia en el país hasta una pequeña clínica, en todos los niveles existe un aparato burocrático que se mueve de manera individual. Este aparato burocrático fija sus prioridades y sus velocidades por intereses particulares o por inercia, algunos pocos de acuerdo con los lineamientos de planeación institucional. Y es desde esta óptica de la diversidad en cuanto a prioridades y procesos administrativos, que ha surgido la inconformidad del gremio médico en cuanto a la desigualdad en el trabajo. ¿A qué se refiere esta desigualdad? en algunas instituciones hospitalarias se ha evitado que trabaje personal de salud que se encuentre dentro de un grupo poblacional de alto riesgo como medida preventiva, lo cual es muy importante. Sin embargo, se han registrado situaciones relacionadas con un desgaste del personal debido a la realización de trámites innecesarios para hacer constar su condición de salud. En otros casos, los médicos se vieron en la necesidad de renunciar ante la imposibilidad de incapacitarse por motivos de salud, a pesar de comprobar su pertenencia a este grupo de riesgo. Lo anterior deja visto que, en el personal médico, su derecho a la protección de la salud provoca la vulneración de su derecho a conservar la fuente de trabajo.

Por otro lado, los médicos que se han mantenido activos se han visto en la necesidad de cubrir su jornada, pero con una mayor carga de trabajo por la ausencia de los colegas incapacitados, enfermos por la infección o finados, percibiendo el mismo nivel de ingresos sin incentivos, con el cúmulo de los gastos ya realizados por la adquisición del equipo de protección, provocando una reacción de enojo y frustración. En otras circunstancias, también ha habido casos donde personal de salud sin contar con un riesgo evidente de salud, deciden evadir la responsabilidad delegando así las actividades al resto de colegas.

Abriendo un poco más la mira de lo que sucede en el campo de los profesionales de la salud ante la pandemia, se sabe que muchos médicos jóvenes recién egresados han sido reclutados para cubrir las carencias de atención que como se mencionó previamente, correspondían a grupos de riesgo o simplemente se pretendía reforzar la cobertura. ¿Qué ha ocurrido? en muchos casos, las disputas con los reclutadores, nuevos jefes o disposiciones ante las demandas de mayores insumos de protección personal, hicieron que muchos de ellos solo laboraran por unas cuantas semanas para después renunciar por no encontrar las condiciones adecuadas.

Otro aspecto de suma importancia es la carga emocional a la que se ven expuestos los trabajadores. En términos generales hay un temor permanente por contagiar a sus familias, lo que ha hecho que muchos de ellos decidan no llegar a sus casas. También existe el miedo a enfermarse y morir, sabiendo la agonía de no contar con ventiladores, sedación, personal competente, etc. El estrés al que están sometidos en este momento es extremo y no sólo por la carga de trabajo, sino por percibir el sufrimiento y la agonía de los pacientes. El médico conoce muy bien que un paciente intubado a un respirador tiene muy bajas probabilidades de sobrevivencia, lo que puede hacer que se sienta inútil o impedido ante la cura de la enfermedad. Es muy impactante para un médico observar impotente que en un solo turno de unas cuantas horas mueran decenas de pacientes infectados, provocando que en algunos galenos se cuestionen su labor profesional o la utilidad de sus servicios.

Como un mecanismo de afrontamiento poco adaptativo, en el personal de salud se ha incrementado el consumo de fármacos para dormir, el consumo de etanol, estimulantes y otras sustancias. Ante el desgaste y la vulnerabilidad a su salud mental, existe un alza en el riesgo de presentar trastornos psiquiátricos como insomnio, estrés postraumático, ansiedad y depresión, llegando a casos extremos y lamentables como los suicidios consumados. Este enorme riesgo ha puesto a múltiples instituciones a ofrecer servicios de salud mental para la atención de los profesionales que así lo requieran, sin embargo, a pesar de conocer la importancia y el impacto en el trabajo que tiene la salud psicoemocional, desafortunadamente aún hoy existe una actitud de rechazo y estigma por parte del médico y del personal de salud hacia el uso de esa clase de servicios profesionales.

Todo lo anterior solo intenta brindar una mirada a lo que viven miles de médicos y personal de salud durante la pandemia del COVID19 en México. La precariedad y el desafío que se presenta para este grupo de trabajadores valientes y entregados, debe ser un mensaje claro para entender que, como sociedad, todos debemos de cooperar para salvaguardar nuestra salud y también la de ellos. Si cuidamos entre todos la salud, como sociedad estamos contribuyendo de forma solidaria a que los profesionales brinden una mejor atención a aquellas personas enfermas.

Es imperante pensar en colectivo y dejar en claro que el personal de salud no es nuestro enemigo, como lamentablemente lo han reflejado algunos hechos relacionados con agresiones en la vía pública a médicos y enfermeras uniformados. Ellos han elegido sus profesiones y trabajos con el ideal de servir a la sociedad y al prójimo, aún ante su propia vulnerabilidad, aún ante una adversidad tan grande como esta pandemia donde sus propias vidas están en riesgo.


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