Asignatura pendiente: la desigualdad de género en la ciencia

En pleno siglo XXI la humanidad ha alcanzado un considerable desarrollo científico y tecnológico que nos ha permitido contar con recursos y oportunidades nunca vistas. Sin embargo, este desarrollo no ha ido de la mano de la equidad, ya que la ciencia ha sido desarrollada de manera sustancial por hombres y la participación de las mujeres ha sido limitada. Debido a esto la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar en 2016 al 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esta conmemoración busca que las mujeres y las niñas cuenten con un acceso pleno y participación equitativa en la ciencia.

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Esta lucha no corresponde a un fenómeno guiado por la moda o las coyunturas políticas, existen datos contundentes al respecto. Menos del 30% de los investigadores del mundo en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres. Sin mencionar la desigualdad que presentan en términos de salario, facilidad para realizar sus investigaciones y la baja velocidad para avanzar en sus carreras (UNESCO). Solo en 1 de cada 5 países se ha alcanzado la paridad de género y solo el 3% de los Nobel de ciencias se ha concedido a mujeres desde la creación de los galardones en 1901.

En América Latina el 45% de los investigadores son mujeres, una cifra que supera la tasa mundial que es de alrededor del 28%. Con respecto a los estudiantes de nivel licenciatura se observa que en el área de la tecnología de la información y las comunicaciones (TIC) las mujeres ocupan el 3%; en ciencias naturales, matemáticas y estadísticas un 5%, y en ingeniería, manufactura y construcción el 8%.

Esta lucha no es nueva. A mediados del siglo XX surgieron fuertes demandas feministas en Chile que buscaban un mayor ingreso de las mujeres a la educación superior, generando años después un aumento progresivo de mujeres inscritas en licenciaturas, alcanzando un 51% de participación para el 2018. En España también se han observado cambios, en años recientes las mujeres universitarias han alcanzado el 55% de los alumnos y en doctorados alcanzan el 45%, sin embargo, sólo el 39% del total de los investigadores son mujeres. Ya existen casos en donde esta demanda de equidad se ha plasmado en leyes como en los países escandinavos donde las empresas públicas deben tener un mínimo de 40% de representación por cada género.

Las barreras en la ciencia

Las barreras que dificultan que las mujeres se desarrollen en una carrera científica en condiciones de igualdad son de muy diversa naturaleza, dentro de ellas se encuentran principalmente los estereotipos y prejuicios que impactan sustancialmente en sus trayectorias educativas y laborales. También es de destacar que cuentan con una mayor responsabilidad familiar y aun se presentan sesgos de selección en la vida laboral.

En 2018, la revista Science realizó una denuncia, sobre el acoso sexual que sufren las mujeres en el ámbito científico, lo que impulsó el movimiento #MeTooSTEM. En junio 2019, la Academia Nacional de Estados Unidos de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NAS) publicaron un informe en el que alrededor del 50% del profesorado femenino en ciencias, ingeniería y medicina ha sufrido acoso sexual o laboral. Con respecto a las estudiantes, entre el 20 % y el 50 %, dependiendo del curso y la rama científica a la que pertenecen, ha sido víctima de violencia sexista tanto verbal, como no verbal. Uno de los fenómenos más difundidos en distintas instituciones es el llamado “acoso ambiental”, que incluyen chistes, bromas o piropos ofensivos de carácter sexual, gestos y miradas lascivas, invasiones del espacio físico, comentarios u observaciones de carácter sexual no deseadas.

La denuncia por agresión y acoso sexual ha llegado al entorno académico de las universidades e instituciones de educación superior, sin embargo, aun falta mucho por alcanzar. Numerosos centros escolares o de investigación no cuentan con protocolos institucionalizados para proceder frente a casos de violencia de género. La sociedad demanda la inclusión de la mujer en la ciencia y la tecnología. Es urgente erradicar la violencia, el acoso y la discriminación. Esta lucha no depende en exclusiva de las mujeres, no es privativo de los medios académicos o científicos, no es una moda, es una lucha que debe de alcanzar sus objetivos a la brevedad. Se requiere de un cambio radical que promueva nuestro desarrollo empezando por la igualdad y la equidad en todos los términos y campos que han sido marginados. La igualdad social es un signo de progreso que sin duda dejará sus beneficios a nuestras futuras generaciones.   


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