Abuso infantil y daño cerebral

La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió conmemorar, el 4 de junio de cada año, el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión. Cada día miles de niños son víctimas de múltiples tipos de abuso, lo que representa un tema alarmante, no solo por la violación a los derechos de la infancia, sino también por las consecuencias físicas, emocionales y cerebrales que a largo plazo pueden acarrear como el desarrollo de estrés postraumático.

Cada día miles de niños son víctimas de múltiples tipos de abuso


El 15 de julio de 1976, un autobús escolar con 26 niños fue detenido alrededor de las 4 de la tarde en un camino del valle de San Joaquín en California. Tres hombres enmascarados con carabinas recortadas abordaron el autobús de la escuela Dairyland Union. En ese instante Jeffrey Brown, de 10 años, alzó los brazos y gritó “no fuimos nosotros”, pensando que era una broma, a partir de ese momento la vida de los niños cambió para siempre. Los niños de entre 5 y 14 años, fueron encerrados, por los secuestradores, en un camión que previamente habían enterrado en una cantera. Contaban con agua, alimento y algunos colchones. Sin embargo, lo peor para los niños fue cuando fueron enterrados vivos. Los captores planeaban esconderlos y solicitar 5 millones de dólares por su rescate. Permanecieron enterrados por 16 horas, después de las cuales lograron escapar excavando con la ayuda de una placa. Como resultado de este trágico evento, los niños presentaron una serie de alteraciones psicoemocionales que perduraron por años, llevando a algunos al abuso de drogas, eventos depresivos prolongados, miedo a la oscuridad, etc…

El trágico evento de Chowchilla, como se le conoció, dio pauta a una serie de estudios que demostraron como un evento traumático en la infancia, produce un trastorno severo que puede persistir por el resto de la vida. En uno de los primeros estudios se demostró que los niños desarrollaron ataque de pánico, alteraciones de personalidad y pesadillas relacionadas con el secuestro. 20 de los niños desarrollaron un miedo profundo a ser nuevamente secuestrados y 21 presentaron miedo a distintas cosas como perros, autos, oscuridad, el viento, cocinas y ratones. Muchos de los niños siguieron presentando los síntomas hasta 25 años después del episodio. El secuestro de Chowchilla, dio la pauta para estudiar el impacto de eventos traumáticos como maltrato en niños pequeños.  

Hoy día, se sabe que las consecuencias del maltrato infantil no repercute solamente en la esfera psicológica, sino también en cambios importantes en la estructura del cerebro y su función. Los estudios han mostrado cambios consistentes en áreas relacionadas con la memoria como el hipocampo, estructuras relacionadas con las emociones, en áreas de la corteza cerebral y en las conexiones entre los dos hemisferios cerebrales. Estas alteraciones pueden elevar el riesgo para desarrollar episodios depresivos o trastorno de estrés postraumático (TEPT).

El TEPT es una alteración que se desarrolla después de experimentar eventos traumáticos como la guerra, huracanes, violaciones, abusos físicos o un accidente grave. Una de las principales manifestaciones de este trastorno es la reexperimentación constante e intrusiva de los episodios vividos, no importando cuánto tiempo haya transcurrido. En el caso de los niños, el abuso sexual es uno de los eventos con mayores consecuencias negativas en la vida futura del niño. Desde ya hace varios años la ciencia ha mostrado con claridad que situaciones como la desnutrición, ambiente social desfavorable y el estrés, influyen o incluso podríamos decir, definen en qué tipo de adultos podrían convertirse esos niños.

Los cambios que ocurren en los niños víctimas de abuso tienen un impacto emocional profundo y problemas cognitivos futuros. Su gran reactividad emocional podría considerarse como una estrategia de sobrevivencia que les señale qué es seguro y qué no lo es. Identificar a los niños que se encuentren en riesgo y prestarles una atención oportuna, profesional e integral, es una labor compleja, pero extremadamente urgente. Tratar de minimizar el riesgo de los eventos traumáticos en los niños, es una prioridad que todos tenemos como responsabilidad.


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